domingo, 13 de julho de 2008

El Antojo


Todos los días me despierto mojada. No sé porque. Hay algo en el acto de despertar que me estimula, que me excita.

Hay personas que se despiertan y lo primero que hacen es ir al baño y mear... yo no. No me levanto mientras no haya... mientras no esté satisfecha... si es que me comprendes.

Es esa especie de desayuno solitario, en el que sacio mi hambre de placeres carnales – sola, conmigo mismo – que me ayuda a empezar el día.

Luego, me ducho meticulosamente, lavando cada parte de mi cuerpo como si fuera un nene, alguien que necesitara cuidados.

Salgo del baño y me seco. Pero no mucho. Me gusta la sensación de seguir mojada, las gotas escurriendo por mi espalda, despacito. Las gotas que se caen del pelo por el cuello y que se bajan lentamente por mi cuerpo. Me encanta esa sensación maravillosa de cosquillas. Me acuerdo de las lágrimas que saltan de mis ojos cuando estoy triste, pero me gusta. Es bueno.

Enseguida desayuno tostas con miel y mantequilla. Y café. Me preparo una taza de café en mi cafetera de una taza. Me fumo el primer cigarro del día.

Hay personas que dicen que el primer es el mejor de todos. Yo soy una de ellas.

Fumo mientras tomo el café. Que adulzo con 3 cucharitas de azúcar. Ni más, ni menos. Y como alternando un trago de café y un trozito de pan.

Entonces me visto y salgo por la calle.

Me encanta el verano pues puedo poner ropas leves y sueltas. Puedo salir con poca ropa, no necesito vestirme hasta el cuello como en el invierno: que es frío y duro.

Me encanta pues saco todos mis vestidos y mis faldas y les pongo, día tras día.

Eso de sentir el viento fresco que sube por mis piernas y me invade es indescriptible.

Además, camino en silencio, con mis cascos, al ritmo de la música, midiendo las distancias, para que el clímax de la canción coincida con alguna esquina, en la que no sé qué me espera.

En general, no pasa nada de excepcional. Pero... a veces puede ser muy interesante.

Esas pocas veces en que algo inusitado ocurre son tan especiales que las guardo en la memoria, las colecciono.

Siete.

Me encantan principalmente porque esos contactos inesperados me acercan de manera intensa a la otra persona. Intento concentrarme en el olor o en algún detalle, algo que les diferencie de los demás.

Bueno, me gustaría explicarles una cosa: yo soy del signo de piscis y, aun que no crea mucho en astrología o ficción científica o cualquiera de esas tonterías, tengo que admitirlo: soy la típica piscis.

Paso toda la vida mirando a mí alrededor y fantaseando cómo sería si aquel chico – o aquel otro – fuese mi gran amor.

¿y qué hago? ¿Hablo con él? ¿Le pregunto si cree en amor a primera vista?

No. Nunca hago eso, pero paso horas y horas inventando diálogos confortantes.

Y eso me pasa siempre. En el metro, en las calles, en el banco, en la cafetería... dónde sea.

Y así sigo horas... imaginando diálogos – unos románticos, otros más sucios.

Por ejemplo, imagino que estoy caminando por la noche sola y que llega un tío, me levanta la falda y me folla, hay mismo, en el medio de la Gran Vía, con toda la gente parando los coches para vernos, sacando fotos y gritando obscenidades.

Y siempre tengo la impresión de que un día alguien me va a follar así, sin preguntarme nada, como si conociera mis deseos más secretos, como si me conociera más que nadie...

Y lo más interesante es que esos pensamientos me resultan tan reales que soy capaz de describirte la escena con detalles, y de una manera tan precisa que es como si de verdad yo hubiese vivido esas situaciones.

Bueno, por las noches, cuando llego a casa después del curro, me pongo a cocinar. Para mí, no hay nada mejor que una cena bien hecha, dos o tres copitas de vino, un porrito y música. Eso me da una satisfacción tremenda. Es como un ritual que hago sola todas las noches.

Empiezo separando los ingredientes, uno a uno, sin prisa. Les pongo en la orden que os voy a cortar. Cebolla, pimientos, setas, tomates y ajo. El ajo siempre es el último.

Os corto en pedazos iguales, con una meticulosidad matemática. Luego, cuando la comida ya está casi lista, me pongo una copa de vino. En general, prefiero tinto, pero en verano tomo blanco, que me resulta más suave.

Prendo unas velas, lavo las manos y la cara, cambio de ropa, me perfumo y pongo música. Me preparo para esas cenas solitarias como si fuese para un encuentro amoroso.

Ando en una fase bastante Bossa Nova.

Ceno con calma. Después me fumo uno, dos o tres cigarrillos. Y me acuesto.

Siempre con la misma sensación de que, al día siguiente, algo raro va a pasar. .

3 comentários:

Filha de Iemanjá disse...

Esse relato é ficção. Só pra que fique claro.

Marília disse...

Amei. Deselvoltura nata e hereditária para a escrita. Continua! Amo-lha

disse...

Mi gran amiga,

Hoy me di cuenta de que hace mucho que nos conocemos. Y, despues de leer ese post, me di cuenta de una cosa más: sigues teniendo la misma cosa que me ha encantado en tu desde los tiempos de las clases de educacion fisica: tu espontaneidad, humana y bela.

Muita saudade,